Y sientes que hay algo que esperas y que definitivamente no llega. Lo estás esperando con ansías, hay tantas probabilidades de que llegue pero, a pesar de eso, tú temes que no pase así. Te angustias, reniegas, te sientes tan inseguro. Hay más oportunidades allá afuera, hay muchas expectativas, hay mucho tiempo y, sin embargo, no tienes ganas de esperar. Todo tiene que pasar ya. Tu ilusión es tan grande que te cuesta tolerar la espera que no termina. No lo haces. Finalmente, no llega. Te sientes confundido, decepcionado y a la vez acertado. Sabías que no pasaría. Todo era demasiado perfecto para ser verdad. Sigues renegando, quieres mandar todo al tacho o forzar las cosas para que ''eso'' pase. Respiras hondo y sabes que es mejor calmarse. Aún hay tiempo, no hay apuro, aún se puede esperar.
viernes, 30 de noviembre de 2012
jueves, 30 de agosto de 2012
Micaela
Micaela es el nombre de mi mujer perfecta. Ella es sumamente atractiva, segura, muy segura de sí misma, seductora, imponente, preciosa. No tiene motivos para callar sus ideas, no conoce límites para sus metas. No cree en nadie a ciencia cierta. No necesita de nadie realmente. Ella lo puede todo, y todos creen eso.
Ella es mi inspiración. Ella y su grandeza hace soñar a cualquiera. Micaela es el tipo de mujer que muchos hombres pueden desear tener a su lado - o en su cama -, pero muy pocos son los que tienen algún acceso a ella. Solo lo más inteligentes, los más audaces.
Micaela es todo y nada a la vez. No es precisamente dulce, pero tiene una pasión por lo que hace que la dulzura simplemente pasa a un segundo plano. Ella es precisa, coherente, lógica. Ni mitos, ni dudas. Todo está conectado entre sí; para ella todo pasa por algo. No hay casualidades. No hay un destino.
Micaela tiene un cuerpo precioso. Unos pechos grandes y redondos. Un abdomen muy plano y muy bien cuidado. Un ombligo pequeño. Una caderas anchas y fuertes. Unas piernas firmes y gruesas. Sus pantorrillas son perfectas, ni muy toscas ni muy débiles. Unas manos delicadas que cuida dia a día para que no se estropeen. Un rostro muy fino, muy pintado, muy sensual. Un cabello negro muy lacio, muy largo, también muy sensual.
Algo así es Micaela. Igual nadie la puede describir exactamente. Es indomable. Es impredecible. Es muy parecida a mi alter ego. Es casi mi alter ego. Es como quisiera ser yo.
jueves, 9 de febrero de 2012
Un día especial
Hoy es tu cumpleaños. El primer cumpleaños en tres años que vas a pasar sin que estemos juntos. Me encantaría poder escribirte un mail y decirte tantas cosas que siento hoy y vengo sintiendo desde hace mucho tiempo, mucho antes de que terminemos, pero es mejor así. Tú estás bien ahora y yo tengo que respetar eso. Creo que he aprendido a respetar muchas cosas. Quizás porque me he sentido obligada a hacerlo, tanto para no incomodarte como para no hacerme más daño.
Ni modo. De todos, me gustaría decirte lo mucho que te he extrañado estas semanas, lo mucho que me ha dolido tener que ser tan distante contigo. Yo sé que no es fácil creerlo, pero te juro que ni un solo momento he dejado de pensar en ti, de quererte, de desear estar contigo.
La probabilidad de que leas esto es muy baja y espero que siga así de baja durante varios meses, años. Espero que hoy tu día sea muy especial. Que lo pases junto a las personas que quieres y que te quieren. Que te den regalos especiales. Que te llamen por teléfono muchas personas y te hagan sentir especial. Que seas feliz y estés tranquilo. Que, por más difícil que sea, me extrañes un poquito en tus brazos, pero que eso - si lo llegas a sentir - no te afecte tanto. Un beso, te amo.
sábado, 28 de enero de 2012
el mismo camino, la misma piedra, la misma herida
Hasta qué punto los sentimientos pueden manejar la vida, destruirla, hacerla miserable y darle menos entusiasmos que la propia muerte. Hasta qué punto el ser humano es capaz de soportar el dolor, la rabia, la inseguridad, la indiferencia. Hasta qué punto las personas nos volvemos masoquistas y nos quedamos al lado de todo lo que hace - nos hace - daño. Hasta qué punto queremos estar ciegos y no aceptamos la realidad, aún sabiendo que no hay otro camino. Hasta qué punto nos gusta chocarnos con la misma piedra y agrandar más la herida que a pesar de los días no cierra.
Supongo que lo mío debe ser masoquismo. No entiendo por qué cometo y vuelvo a cometer el mismo error sabiendo el resultado, sabiendo que al final va a doler, no queriendo ver la realidad como si esta fuera a cambiar.
El va a quedarse con ella, no sé si mucho o poco tiempo, no sé si se casen, pero lo que sí sé es que por ahora la elije a ella. Asumo que eso será hasta que las cosas funciones, y, si tiene suerte y todo funciona de maravilla, pues estarán juntos para siempre.
También creo que ya no tiene mucho sentido hacerle la guerra, no hablarle y mostrarme cortante. Me toca mantener la distancia - y la dignidad - que yo propuse en su momento, pero ya dejar mi berrinche porque ''el señor no me quiere''. Haga lo que haga, las cosas no van a cambiar, y para ser sincera con el mundo no pienso luchar... por miedo, claro está.
Ya es hora de acostumbrarse de verdad. De asumir lo que yo elegí al seguir a su lado a pesar de todo. Es hora de crecer, de madurar, con heridas, con cóleras, con decepciones, lágrimas, noches sin dormir, esperanzas en la basura y otro poco más de lágrimas que no se pueden contener.
Sé que aún le camino es largo, que falta mucho por recorrer, por vivir, por llorar y por reír. El tiempo me dará la respuesta a todo, y ojalá también me envíe una sonrisa sincera. Dicen que la soledad es buena, aunque yo la siento peor que la misma tristeza, y ni siquiera es que esté sola, sino que no hay nadie que me haga sentir que no lo estoy. Eso es lo peor.
Una lástima, claro. Algo que solo la vida se encargará de cambiar, junto con mis ganas de salir adelante y superar esto.
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