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sábado, 9 de febrero de 2013

el segundo día

Hace un año, un día como hoy, escribí lo que quería decirte por no poder hacerlo de frente. Hoy, creo que es una buena idea volverlo a hacer. Ya con doce meses más de madurez, con menos resentimiento, con más paz interior que en aquellos días. Te amaba, sí, pero estaba hecha un desastre. Pedazo tras pedazo de mi alma estaba avocado al momento en que decidiste poner un punto final. Ahora, definitivamente ya no se siente igual. Recuerdo todo con bastante claridad, pero felizmente los sentimientos ya no son los mismos. Gran parte del dolor se ha ido. Obviamente, el amor tampoco es el mismo. Claro que el amor por el mismo hecho de ser amor siempre va a ser cálido, pero el amor que yo te tengo a ti se basa en una calidez pasada, en algo que pensé que era y en verdad no fue. No es nada malo tener ese tipo de amor. Un buen sentimiento siempre es agradable venga como venga. 
Hace un año te extrañaba tanto y me moría por siquiera un segundo más abrazarte como yo solía hacerlo. Hoy, prefiero demostrarte ese amor que se basa en un recuerdo de maneras más concretas. Digamos, con una sorpresa. Porque, en realidad, lo de hoy espero que haya sido sorpresa. Una agradable sorpresa para ti de mi parte. Podría no llevarme todos los créditos y decir que muchos colaboraron en esto, pero sinceramente sé que fui yo quien más se empeñó en que todo estuviera bien, lo mejor posible para que pasaras un buen momento. Y creo que fue así, creo que lo logré.
No te iba a abrazar. Ya no siento esa necesidad. Quizás a ratos extrañe la sensación de estar en tus brazos, pero estoy segura que voy a estar mejor si no entro en ellos. Es lo mejor para ambos. La distancia que tenemos ahora nos va a ayudar a terminar con lo que hace tiempo debimos cortar. No tenemos por qué retroceder. Tú estás bien, yo trato de estarlo, no creo que hayan más motivos para dañarnos de esa forma.
Espero que lo que queda del día sea muy agradable para ti. No quiero adivinar con quién estarás, así que solo prefiero desearte que la pases bien con quien sea que estés. Es lo mejor para mí, ya no debo construir más karma. El abrazo quedará pendiente por ahora, quizá en un año te lo pueda dar, aunque dudo que en un año todo siga a este ritmo. Llegará el momento de separarnos y, creo yo, será antes de que pase exactamente un año. Feliz cumpleaños!

viernes, 8 de febrero de 2013

Lo esperado

Era lo que había estado buscando tanto tiempo. Por fin, había pasado. Digamos que yo había deseado ese momento desde mucho antes. No estaba segura de cómo quería que fuese, pero sí de que llegado el momento ''eso'' marcara un cambio. Me lo había imaginado de muchas formas, algunas mejores que otras, pero no tenía una idea concreta. Y llegó. Tal como siempre suceden las cosas, en el momento menos pensado, en el menos esperado, en el que tu mente está totalmente avocada  a otras cosas. En ese momento algo pasa. Tres o cuatro segundos desaparecen hasta que te das cuenta de esa imagen que está quieta en tu mente; es como si alguien susurrara a tu oído lo que está pasando. Tú estás sentada en la combi, pensando en lo que vas a hacer después de tus clases, pensando un poco en él, en cómo van las cosas, en cómo deberían estar y de pronto todo cambia con una mirada hacia la ventana de adelante. Hay alguien caminando en la vereda. Miras hacia el otro lado y ves que estás justo en un lugar que te parece haber relacionado antes con esa persona que camina. Miras bien, la reconoces, dudas por un instante, pero todo se aclara cuando ves a su acompañante. Él. Ahí está lo que tanto has buscado. La última prueba para odiarlo como siempre quisiste hacerlo. Los ves caminando, conversando, sin apuro. Caminan tranquilos, se miran, parece que ríen y siguen avanzando. Ella lo agarra de la mano y a ti se te cae una lágrima. Te lo habías imaginado, pero ahora lo confirmas. Están juntos. Otra vez, después de que tú pensaste que estabas ocupando un lugar especial que en el fondo querías ocupar pero que sabías que era lo peor que podía pasar después de todo lo que ya habías vivido con él, están juntos. Él le suelta la mano, se coge el cabello, vuelve a coger su mano, hay cierto desgano, pero aún así caminan de la mano. Ruegas porque el carro avance despacio, porque ninguno de ellos volteé y felizmente todo eso se cumple. Ellos no se dan cuenta. Siguen caminando tranquilos, conversando, felices - al parecer - de verse y estar juntos. A ti se te caen unas lágrimas más. Piensas en cómo lo verás al día siguiente, piensas que pudo ser peor un año antes, cuando la herida estaba fresca, piensas que vas a estar bien, como efectivamente lo estás unos días después. Sabes que vas a recordar eso. Te gustaría poder reclamarle algo, gritarle en algún momento lo que sientes, pero eres consciente de que no se va a poder. La combi sigue avanzando y los ves doblar la esquina, seguir caminando, en dirección - al parecer - a la casa de él. Lo odias. La odias a ella también. Ambos, en algún momento, con o sin intención, fueron los causantes de los litros de lágrimas que derramaste en todo los lugares que podías. Por eso los odias, porque hace un año esas manos juntas pudieron causarte un sufrimiento mucho mayor. Piensas en cómo te hubieras sentido, en cuánto te hubiera dolido, sientes pena por ti en esos días, levantas la mirada y los vuelves a odiar. Tratas de no soltar más lágrimas. Un conocido tuyo te está mirando y es mejor disimular. Ya es hora de bajar, de buscar a alguien, de llamar a una amiga para tratar de quitarte un poco de rabia. Aún los odias, pero sabes que te has vuelto muy fuerte y que esto, al igual que todo lo anterior, va a pasar.