Ya han pasado varios días desde aquella vez, ya casi un mes. Está claro que ambos estamos tomando caminos distintos, con visiones diferentes y supongo que incongruentes. Ambos nos hemos mantenido en silencio, creo yo, por elección propia. Y así vamos a seguir caminando, avanzando hacia la meta que tanto tú como yo nos hemos trazado. Al parecer no fue necesario ninguna otra conversación ni paseo por el parque. Lo que tuvimos que hacer en su momento, lo hicimos. Creo que por ahora ya no hace falta nada, nada más que la distancia que ambos nos hemos puesto.
Pero ya el tiempo nos volverá a juntar cuando sea realmente necesario. Aún hay cosas por aclarar, cosas que yo necesito entender. Estoy segura que va a llegar el día en que nos volvamos a ver y tengamos que sonreír forzadamente para no incomodarnos más de lo debido, ni incomodar a terceros que probablemente nos estén acompañando. Ese día aún es lejano, supongo. Pero va a venir, y será cuando ambos estemos muy distraídos y nos hayamos olvidado de todo lo que hicimos cuando tuvimos que hacerlo.
Ese día va a llegar y va a mostrarnos de manera casi totalmente clara cuál fue el resultado de la brecha que ambos pusimos a nuestras vidas. Suena trágico, quizás pero es la verdad. Pudimos seguir siendo amigos, pudimos seguir saliendo y ver a qué llegábamos, pero ambos preferimos no contar más el uno con el otro y simplemente seguir con nuestras batallas personales a solas.
Quiero pensar que ha sido una buena elección. Quiero enterarme de acá a algún tiempo que tú estás bien, que todo va bien contigo y que recuerdas con cierto cariño lo que pasó. Sería una manera grata de tener noticias tuyas. Detestaría enterarme de alguna traición, de alguna bajeza. Supongo que si eso pasa sería inevitable, pues somos humanos y los humanos erramos. Supongo que no te odiaría, supongo que me tocaría comprenderte. No quiero juzgarte nunca, y espero que tú tampoco nunca lo hagas conmigo.
