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viernes, 28 de junio de 2013

y si te digo que cuando te veo siento una emoción enorme y por eso miro a otro lado para que no te des cuenta, ¿pensarías que estoy enamorada? si te digo que al escuchar tu voz o al ver que me miras siento unas cosquillas deliciosas en el estómago, ¿pensarías que estoy enamorada? o si quizás te digo que se dibuja una sonrisa en mí cuando pienso en tí, en tus besos, en tus abrazos, en cada sonrisa que veo que puedo yo sacarte a ti, ¿pensarías que estoy enamorada? si de un momento a otro me siento vulnerable al sentirte lejos, aunque eso sea solo unos minutos, ¿pensarías que estoy enamorada? si, además, te dijera que me importas, que te extraño casi a cada momento que no te tengo a mi lado ni sé nada de ti, ¿también lo pensarías?, ¿pensarías que estoy enamorada?

Pues quizás. No voy a decir que sí, pero tampoco que no. Supongo que estoy camino a ello, que la dirección en la que voy es justamente la que me lleva a decir de vez en cuando ''hola, amor'' o ''te quiero''. Supongo que hay cosas que son inevitables y entre ellas debe estar el amor. Aunque, te confieso, siempre he pensando que el enamorarse es una elección. Tú sabes a quién te acercas, a quién le abres tus sentimientos, la intimidad de tu alma. Tú sabes por quién esmerarte y por quién no. Tú sabes, de verdad lo sabes, por quién sería buena idea arriesgarse un poco y, entonces, te arriesgas. Todo es una elección. Algunas veces una elección inconsciente, pero elección al final de cuentas.

Yo ya he estado enamorada antes, por ende, sé perfectamente lo que es. Lo sé en el fondo de mis instintos, pues esa vez que lo estuve no fue buena idea estarlo y terminé en un estado que ninguna persona debería terminar. Digamos que expuse mis sentimientos de manera indiscriminada y terminé perdiéndolos todos, hasta a mí misma. Recuerdo de cierta manera cómo se siente estar enamorada, recuerdo lo que dolía estarlo, recuerdo lo mucho que esperaba. También recuerdo lo que nunca llegó, lo que me cansé de soñar, lo que nunca fueron ni fui capaz de dar. Recuerdo las cosas buenas, pero las malas también. Recuerdo todo en la memoria, pero felizmente nada bajo el pecho.

Por eso te pregunto si crees que estoy enamorada. ¿Te gustaría que lo esté?, ¿tú crees que valdría la pena estarlo? Por el momento, sé que estoy pensando en ti. Pienso en ti desde que me levanto, no todo el tiempo, pero sí un poco casi en cada momento. ¿Me entiendes? No lo sé. Quisiera saber que me entiendes, que vamos al mismo ritmo, pero es obvio que no se puede y, sobre todo, que no es así. He tratado de no interferir en tus prioridades, que ahora también son mías. Intento respetar todo, no aturdirte y, más bien, apoyarte, estar ahí. No sé si sea suficiente o demasiado, pero es lo que me nace por ti. Lo que provocas en mí. 

Sin embargo, nadie, ni yo, te obliga a sentir lo mismo. Si no estás a gusto, no te tienes que quedar. Las puertas siempre han estado y siempre estarán abiertas. Yo puedo quererte y querer algo contigo, pero si tú no lo sientes, no voy a obligarte a avanzar. No tengas miedo de alejarte o no te quedes por un simple estar, quédate porque crees que soy importante, porque piensas que esto puede llegar a más. Como ya te he dicho, yo sé bien qué significa llorar, llorar toda la madrugada, llorar por alguien que no va a estar. Entonces, si he pasado por tantas y tantas cosas, no sientas que debes compartir conmigo cosas que no vas a valorar después. Quédate siempre y cuando quieras de verdad, siempre y cuando pienses que estoy enamorada y que tú, si no lo estás ya, también, de verdad, lo vas a estar.

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