Tantas personas que sufren por una enfermedad terminal, por una muerte, por no tener trabajo, por no tener qué darle de comer a sus hijos, por un vaso de agua, por un poco de ayuda para salir de la miseria, por un esposo abusivo que las golpea, o por un progenitor a quién no le importan... ¿y yo me muero porque un broder no me quiere?
Vamos, es parte de crecer; parte de aprender. Lamentablemente, uno a veces no se da cuenta de que sufre por cosas innecesarias. El mundo se puede estar cayendo a pedazos delante de uno, pero seguimos enfrascados en nuestros propios problemas y pensamos que son los peores. Demasiado egoísmo. Demasiado dramatismo. Demasiada inmadurez.
El mundo no se va a acabar. No me voy a morir. Tengo que aceptar que esta vez las cosas no salieron como yo quería. Ya qué importan mis sueños, mis ilusiones, mis deseos. Todo se acabo, hay pasar la página. Solo queda intentar hacer las cosas bien, mirar hacia adelante y no dejar de creer en mí misma. Nunca perder la fe en mí misma. Esa es la clave para salir adelante: la clave de todo.

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