Hoy quedó demostrado que el querer (o amar) por muy grande que sea no necesariamente amerita el merecer a la persona querida (o amada). Es increíble que todo esto haya pasado: no me lo veía venir. No entiendo cómo pude seguir cometiendo el mismo error, cómo pude decepcionarte tantas veces de la misma manera. La verdad es que no te merezco, no hay razón para que estés en mi vida. Nunca he podido demostrarte qué es lo que siento por ti, probablemente nunca pueda hacerlo. La decepción que tú debes sentir por mí no es más grande que la que yo tengo por mí misma. Solo me da vueltas en la cabeza una frase que me hiciste recordar: ''(...) ya te he dicho, yo necesito una persona que cuando yo me equivoque saque la cara por mí, no que... (...)''. No recuerdo que más me dijiste, pero esa frase fue suficiente para sentirme como me debí sentir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario